25 jul.

La sombra

La sombra

...

Ahí estaba yo, tal vez de alguna forma consiente, pero intangible, definitivamente era yo. Lo sabía. (He tenido sueños en los que soy otra persona diferente, y sueños en los que me veo de pies a cabeza. como si mi fuese un observador extracorpóreo, expectante a todo lo que está a punto de ocurrir), pero en ésta oportunidad estábamos la más absoluta oscuridad y yo, llegando al punto de sentir que ambos éramos. No estaba de pie, no caía, no flotaba, solo estaba. La sensación de intranquilidad poco a poco fue desapareciendo, hasta convertirse en paz, hasta que escuché voces, en lo que al parecer era mi izquierda, había una hermosa casa campestre de dos pisos, iluminada tenuemente por la luz de un farolito en tridente ubicado dentro del pequeño jardín al frente de la casa el cual tenía algunos arbustos de florecillas azules. Los muros de esa casa yacían revestidos por piedras, dejando expuesto los pilares de madera. Había una sola luz encendida dentro de la casa, era la de la planta baja, creo yo que de la sala, de allí provenían las voces que pese a la distancia no podía escuchar con claridad, pero los tonos de voz me indicaban que era una discusión. Anduve lentamente en dirección al hogar, y entré por una de las ventadas del segundo piso. No estaba plenamente oscuro, dado que la luz del farolito en el jardín, se colaba por el cristal de la ventana. Pude notar que era el cuarto de los niños, había una cuna rudimentaria, y dos camitas en el otro extremo de la habitación, allí yacían una niña y un niño, los cuales buscaban consuelo en un abrazo. La cuna estaba vacía. Me colé por debajo de la puerta y llegué al pasillo que comunicaba con el baño, otra habitación y las escaleras hacia la planta baja. Lentamente me acerqué a las escaleras, y fue cuando pude notar que mi cuerpo era una especie de enramado de hilos o ramas borrascosas de color negro. A pesar de que escuchaba con fuerza los gritos de la discusión, no podía entender lo que decía. Sé que la mujer lloraba, y el hombre arremetía con fiereza. No podía bajar, la luz me lastimaba, hasta que de pronto escuché un golpe, y como algo pesado caía al suelo, tumbando algo de vidrio. Pensar en los niños fue lo que hizo decidiera bajar, pero mi andar era lento, por lo que extendí mis brazos, hilos o ramas negras que alcanzaron proporciones sobrehumanas y sujeté al tipo por el torso, mientras bajaba por las escaleras a mi ritmo lento, él me miró, y sus ojos aterrados no podían abrirse más, la mujer yacía confundida en el suelo, porque no entendía qué era lo que a su esposo le causaba tanto terror, mi ira era tanta que creí conveniente matarlo, pero no sabía si dejar sola a esas personas era lo mejor.
Muchos Lo oyeron, y solo uno lo vio... Vio como un hombre se volvía loco y gritaba a la nada mientras apuntaba con su mano en una dirección, luego cayó de rodillas, antes de desmoronarse en el suelo... por unos instantes parecía muerto, hasta que se levantó se sacudió la ropa…


 

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