3 jun.

Impulsos de lealtad*

Impulsos de lealtad*

Un buen amigo nos llevó a un evento. Estaban sus hermanos, y me fijé en lo mucho que se parecía a uno de ellos. El tour comenzaba en la parte externa del edificio, pero había muchas avispas y mi fobia no me consintió seguir allí, así que me vi obligada a dejar la sesión y entré al establecimiento. Hacía tiempo que no me cruzaba con estas enviadas de Lucifer.

Allí dentro había un balneario, pero lejos de relajarme, me agobiaba la misión de robar un pintalabios, de color frambuesa, como es digno de mí. Ni si quiera tenía por qué hacerlo, ni por necesidad de pintarme los morros ni por cleptomanía, pero sentí el irrefrenable impulso de aceptar un estúpido reto por parte de alguien que ni me va ni me viene. Ya son ganas de meterme en jardines porque sí, y empecé a ponerme nerviosa por si alguien nos descubría, pues se empezó a esparcir toda la pintura. Por lo tanto, me la expandí por los párpados cual sombra de ojos para intentar pringar lo mínimo posible, pero no quedaba simétrico a pesar de todo.

Ahí no acabaron los oscuros planes, si es que había un mínimo de planificación en semejante arrebato. Alguien me propuso hacerme pasar por alemana del norte; inmediatamente, me resultó una idea muy divertida, pero en seguida caí en que era una broma grotesca y de mal gusto. La cosa parecía que iba a ir lejos en cuanto me presentaron un formulario en el que consolidar mi supuesta identidad. Sin embargo, escribí mi nombre y mis apellidos reales en el sobre, a lápiz sin afilar pero con buena letra, quizá demasiado separados, pero había espacio de sobra.

Por último, me cargué el suelo de casa. Menos mal que vamos a mudarnos dentro de un par de meses, aunque esperemos que tal estropicio no nos acarree problemas por parte de los clientes del piso. Mientras tanto, lo tapamos con un par de alfombras, que las odiamos, pero parecía la única solución inmediata.

Parece que hay cierta agresividad en el exterior, en la salvaje anarquía de las relaciones sociales que rigen los negocios. No obstante, el panorama interior no es menos tenso: me incitan a robos y a farsas que acepto sin sentido alguno y sin rechistar; ahora bien, empieza a darme mala espina ya cuando es demasiado tarde. Nada de tapujos como el maquillaje, la suplantación de la identidad y las alfombras: va contra natura dejar de ser yo misma.


 

Comentarios

  • Laia Molina
    DreamsCloud
    Reflector Profesional

    Laia Molina

    Escrito en 12 jun., 2018

    Hola hermosa! Empiezo a preguntarme si las avispas de algún modo pueden empezar a ser un animal guía en tus sueños gracias al miedo que les tienes. Su presencia parece obligarte a entrar en un lugar que me pregunto si entrarías de propia voluntad en el sueño y en la vigilia. La verdad es que me llama mucho la atención todo el sueño, pero me quedo con lo de la suplantación de la identidad. Me parece ya muy sugerente la idea tu reflexión final acerca del tema pero me gustaría ofrecerte otra lectura para ver qué pasa. A veces, cuando nos acercamos o estamos dejando atrás hábitos y aspectos de nuestra persona que nos han definido hasta el momento, inevitablemente entramos en un espacio vació que parece querer ser llenado de una nueva forma. A veces esa forma es elegida, otras insospechada. Cuando es la segunda opción, acercarnos a esa nueva " identidad" puede parecernos algo como un disfraz, un engaño una farsa. Eso se debe al hecho de qué aún no nos identificamos con eso que parece querer estar emergiendo en nosotras. Así pues, me pregunto ¿ cómo sería para ti una personalidad alemana? ¿ ha algún aspecto interesante en ella? ¿ qué supondría para ti o para tu vida aceptar ciertos rasgos de la mujer alemana? Me pregunto finalmente como puede ligarse esta propuesta de nueva identidad y el hecho de esconder bajo la alfombra un agujero en el suelo. Un agujero que no deja de ser un vacío. ¿ Aceptar o rechazar esa propuesta de identidad puede ser un modo de tapar ese agujero en el suelo? ¿ Qué de la alemana o el dejarse llevar por los otros puede resultar una solución inmediata en mis días? ¿ A quién estoy siendo leal? Espero no haberte hecho demasiadas preguntas. Me encantará leerte. Un abrazo.


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    • Martamor

      Martamor

      Escrito en 12 jun., 2018

      Pues ahora que lo dices, las avispas pueden ser el miedo que me impulsa desde el abierto mundo de la vida social hacia una interiorización, que a su vez, me incita a cambiar. La visión que tengo de la alemana del norte no va más allá de los estereotipos, de frialdad y seriedad, aunque creo que los tiros van más bien por Escocia. Al fin y al cabo, tengo planes de doble mudanza: me cambio de casa aquí en Santander, y luego quiero emigrar a Edimburgo. Es decir, dejo a mis amigos y el terraceo (la zona del mercado) porque me incita el miedo (avispas) a un vacío que me persigue en mi situación actual por no acabar de ver qué pinto aquí (el suelo de mi casa actual). Así que la única solución parece ser la nueva identidad, con alfombras, sombras de ojos o lo que sea, pero mi situación actual es insostenible, como el suelo. Muy interesante tu interpretación, una muestra más de que, por mucho que recapitule mis sueños, siempre se puede sacar algo más. Un abrazo!!


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