3 ago.

Huir sin colorines*

Huir sin colorines*

Llegué a la cima de la cuesta. Había quedado allí con más gente, pero di media vuelta en cuanto te vi. Retrocedí todo el camino a todo correr, sin si quiera pararme a reflexionar por qué, aunque es fácil de intuir a estas alturas.

De repente, me di cuenta de que se me iban cayendo pinturas de madera. Sin embargo, no podía detenerme a recogerlas: tenía que renunciar a ellas por si acaso. De repente, me fijé en que volví a vestir con el uniforme del colegio, y me percaté también de que se me caían más pinturas de entre los pliegues del vestido.


 

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