Te despiertas aterrado. Tu corazón late casi a punto de estallar. No te puedes mover. Tratas de gritar pidiendo ayuda, pero no puedes. ¿Qué ocurre? ¿Fue una pesadilla, terror nocturno o parálisis del sueño? Si bien hay similitudes entre ellos, especialmente el hecho de que sientes un miedo atroz, existen grandes diferencias y distintas formas de hacerles frente.


Las pesadillas ocurren durante la fase REM (sueño con movimiento ocular rápido) del sueño, en la cual ingresamos aproximadamente 90 minutos después de dormirnos y que se repite cada 90 minutos en el transcurso de la noche. Las imágenes y el contenido de la pesadilla asustan al durmiente, que en general se despierta con el recuerdo vívido y detallado del sueño. Las pesadillas son de naturaleza psicológica. Son sueños normales que nos asustan debido al tema o al contenido del sueño que debemos abordar en la vida consciente. Recomiendo aprovechar el mensaje que nos transmite la pesadilla para actuar en consecuencia en la vida consciente.

Los terrores nocturnos ocurren durante la fase 4, la fase profunda no REM, que se presenta de 15 a 60 minutos después de dormirnos. Puede durar de cinco a veinte minutos. Si bien cualquier persona puede experimentar terrores nocturnos, suelen ser más frecuentes en los niños de 3 a 5 años. En medio de un episodio de terror nocturno, la frecuencia cardíaca del durmiente aumenta hasta 160 – 170 pulsaciones por minuto, puede tener los ojos abiertos y puede moverse porque la parálisis del sueño REM no está presente. El durmiente puede presentar dificultades para respirar y sudoración; también puede gritar aún cuando esté dormido. En general, por la mañana no tienen recuerdos de los eventos ocurridos, aunque hay excepciones ya que algunas personas recuerdan detalles de la experiencia. Los investigadores creen que los terrores nocturnos son causados por un detonante químico que hace que el cerebro "no arranque". Estas "fallas de arranque" pueden ser causadas por factores tales como el estrés, medicamentos o algunas enfermedades. Los terrores nocturnos en sí mismos no son peligrosos para el durmiente, pero sí los objetos que se encuentran en el ambiente. Lo mejor es asegurarse de que no haya elementos en la habitación que puedan usarse para lastimarse a sí mismo o a los demás. Los terrores nocturnos suelen ser hereditarios, al igual que la enuresis y el sonambulismo, que también son trastornos del sueño en la fase 4, también llamados parasomnias.

La parálisis del sueño ocurre cuando sabes que estás despierto, pero no puedes moverte ni pedir ayuda. Por lo general está acompañada de una sensación de presencia amenazante o percepción de presencias demoníacas, ya sea en la habitación o encima de tu cuerpo, que te sujetan e intentan sofocarte. La parálisis del sueño ocurre cuando el soñador se despierta antes de que se haya disipado la parálisis normal del sueño REM, y se cree que se debe a que la persona no tiene horarios regulares de sueño, padece de estrés o ansiedad, toma alguna medicación o estimulantes (cafeína) o está fatigada. Al comprender y aceptar lo inevitable de la situación, algunas personas han aprendido a usar la experiencia de la parálisis del sueño como un punto de partida para inducir un sueño lúcido.

Para más información sobre los terrores nocturnos, visita el sitio web del Night Terror Resource Center.

Para más información sobre la parálisis del sueño y los sueños lúcidos, visita el sitio web Dream Studies de Ryan Hurd.